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28 de septiembre de 2002

Informe especial: La música local se mueve al ritmo de los sellos independientes

Manal: Pioneros independientes

BUENOS AIRES (Télam).- Desde la aparición del mítico sello Mandioca, en 1968, que hizo posible la edición y difusión del rock nativo con formatos diferentes a los establecidos por las grandes compañías, las discográficas independientes se vienen constituyendo en la mejor, y a veces única, plataforma de lanzamiento de los artistas nacionales.
En medio de un panorama marcado por la profunda crisis económica pero que afectó particularmente al mercado discográfico, que se encuentra en "picada" en los últimos dos años, según expresaron los productores, los sellos independientes siguen batallando por ocupar un lugar en el mercado y consolidar la música que editan.
Para Fernando Tarrés, que creó BAU (Buenos Aires Underground), pequeño sello dedicado al jazz y la música instrumental que cuenta con un año de vida y seis títulos, "a medida que la Argentina se va deteriorando, lo que un sello de estas características ofrece se vuelve cada vez más intangible pero, al mismo tiempo, más valioso".
"¿Qué consigue un músico que edita con BAU?, todas cosas intangibles: orden, contención, potenciarse con el trabajo de otros y potenciar a otros con su trabajo, no consigue dinero ni masividad", aclaró.
"La apuesta que encaramos es que el sello se transforme en una suerte de referente de cierto tipo de música, que sea una suerte de marco simbólico que contenga y sea el puente que haga efectiva la relación entre un determinado grupo de músicos con el mercado nacional y con el mercado internacional", aclaró.
"Hay que tener en cuenta -precisó- que hoy por hoy el disco, y en especial el disco de jazz, no es un negocio ni para los sellos ni para los músicos, sino que funciona más que nada como un abrepuertas que te permite posicionarte dentro del mercado, estableciendo un circuito que incluye la edición del disco, la obtención de giras, una nueva posibilidad de grabar y seguir mostrando tu música para que, con el paso de los años, te vayas estableciendo en distintos mercados y ante diferentes públicos".
Armados como cooperativas de músicos o establecidos como pequeñas empresas que combinan la producción y distribución de discos, los sellos independientes continúan ocupando el lugar que dejan vacantes las empresas discográficas multinacionales, desinteresadas en la promoción de nuevas propuestas y que, en general, invierten sobre seguro.
"Históricamente los sellos independientes son los únicos que apuestan y desarrollan a los artistas del país", señaló a Télam Víctor Ponieman propietario y ejecutivo de Random, empresa con más de 10 años en el mercado, que comenzó produciendo y en la actualidad se dedica exclusivamente a la distribución de cerca de 100 títulos, entre propios y licenciados.
"En la Argentina -sostuvo por su parte Javier Tenembaum al frente desde hace cuatro años del sello Los Años Luz- las multinacionales tiene un profundo desprecio por el mercado y los músicos locales".
"En este contexto, la decisión de tener un sello no nace como negocio sino por amor al arte, surge para darle viabilidad a la producción de cosas que de otro modo no podrían ver la luz", comenta el ex músico, que es además dueño de una disquería y que produce a artistas como Fernando Samalea, Kevin Johansen y Axel Krygier.
Refiriéndose a las características, en algún sentido artesanales y los límites que encuentra el desarrollo de estos emprendimientos, Tenembaun aclaró que "podemos producir y sostener los discos porque hay gente como León Gieco o Lito Vitale que nos prestan el estudio o nos cobran precios ínfimos, porque los músicos de sesión tocan gratis, por una serie de cuestiones que tienen que ven con la solidaridad y el romanticismo que es muy argentino".
Para Diego Zapico, líder de Acqua -compañía que maneja un catálogo de 446 títulos de los que cerca de 40 son producciones propias-, los aspectos centrales que definen el espíritu de los sellos independientes están marcados "por criterios estéticos y no exclusivamente económicos".
"En líneas generales -aclara- el que se pone a producir en forma independiente está a la búsqueda de una cierta calidad musical e interesado en artistas del país que trabajan con criterios nuevos, de algún modo alternativos y que van al encuentro de lenguajes musicales originales, ya sea en el jazz, el tango, el folclore o la música instrumental".
En este panorama difícil y acomodándose a los márgenes y los nuevos contextos que va imponiendo un mercado sobre el que intentan operar en los resquicios, los sellos independientes desarrollan una tarea que, sin apoyos estatales ni estímulos económicos mantiene vivas las nuevas propuestas musicales en el país.

Muchos pasaron de la producción a la distribución
A partir de mediados de la década de los '90, la facilidad para la importación de equipos digitales trajo una serie de cambios que repercutieron en las funciones de algunos sellos independientes, muchos de los cuales comenzaron a centrar su trabajo más en el área de la distribución que en la de producción de nuevos artistas.
Esto, junto a las dificultades que plantea el mercado discográfico en la actualidad, llevó a que los sellos más pequeños continúen con la producción, generalmente bajo una forma cooperativa -donde una parte la aporta el sello y otra el artista-, mientras que las empresas que manejan cierta estructura con costos fijos se fueron volcando más hacia la distribución.
"Antes -remarcó Víctor Ponieman, titular de Random- el trabajo de los sellos independientes abarcaba un proceso que iba desde la producción hasta la promoción y la venta de los discos, pero a partir de mediados de los '90 son cada vez más los músicos que se producen a sí mismos y el sello pasó a tener un papel mucho más gravitante en lo que se refiere a la distribución de todos estos materiales que son rechazados por las grandes compañías".
"El problema actual no está en la producción y mucho menos en la calidad de la música que se graba, el gran problema de todo músico nuevo es la difusión, la posibilidad de hacer conocer su música".
"Hay que tener en cuenta una cosa -agregó Ponieman-, lo que vende discos es la radio y el mercado radial está manejado por pautas de difusión que atienden esencialmente a las necesidades de las multinacionales y los artistas masivos, en desmedro de los músicos nuevos".
Por otra parte, si bien la devaluación abrió la posibilidad de colocar discos de artistas argentinos en el exterior a buen precio, la falta del acceso al crédito y la inexistencia de políticas estatales de apoyo y difusión de la música nacional en el exterior dificultan la creación de propuestas sustentables de crecimiento fuera del país.
"La exportación -aclaró Zapico, uno de los responsables de Acqua Records- requiere una inversión logística, de catálogos, viajes y de cierta agresividad en un mercado que es muy competitivo y que en cierto sentido está saturado".
"Se trata de un trabajo en cierto sentido estratégico, en el cual el Estado debería jugar algún papel, como sucede con otros países como Brasil, España o Canadá, que apuestan a instalar a sus artistas en el extranjero", agregó.
"Estamos en una situación -graficó Javier Tenembaum, de Los Años Luz- en la que ni siquiera tenemos crédito, vos vas a las ferias internacionales y te encontrás con stands de gobiernos y regiones que están potenciando una música y al mismo tiempo una industria que genera trabajo y divisas, pero esa preocupación para el Estado argentino no existe".
"Acá faltan políticas culturales y económicas, si la producción independiente se sostiene es por su propio espíritu", concluyó.

En 1968, Mandioca edita a Manal y Miguel Abuelo
"La fuerza nuestra estaba en el sello, en la creación de una editora de discos alternativa", comentó en cierta ocasión Pedro Puyó, impulsor junto a Jorge Alvarez del mítico Mandioca, que en 1968 transformó en vinilo canciones de Miguel Abuelo y Manal.
Para subrayar el sentido el sentido de la aparición de un sello independiente Puyó agregó que "nuestra intención era hacer una grabadora que les diera bola a los músicos"
Por entonces se produjeron hechos tales como que se le cambió la letra a 'Ayer nomás' para el simple de Los Gatos, porque la grabadora no quería una letra tan fuerte, en tanto a 'Diana Divaga', de Los Abuelos de la Nada, le cortaron un par de minutos "porque era muy larga".
La aparición de Mandioca, que trazó un camino para los sucesivos intentos de editar y producir música al margen de los condicionantes de las "majors discográficas", se dio en una época de fuerte ebullición social y cuando el rock nativo daba a conocer sus primeras creaciones.
Vox Dei, Pappo, Tanguito y Manal eran algunos de los grupos que comenzaban a editar sus propias músicas, transformándose lentamente en un fenómeno social y musical, que con el tiempo tomaría rasgos de masividad pero que por entonces estaba limitado a ciertos sectores.
Las primeras producciones de Mandioca fueron tres discos simples, uno de Miguel Abuelo ("Oye niño" y "Nunca te miró una vaca de frente?"), uno de Manal ("Qué pena me das" y "Para ser un hombre más") y un tercero de la cantante Cristina Platé.
Los tres salieron simultáneamente y fueron presentados en sociedad en un recital del teatro Apolo de la calle Corrientes, en noviembre de 1968.
Luego se sumaron al sello Vox Dei, Tanguito ("Amor de primavera" y "La balsa"), Alma y Vida y Moris, entre otros de los músicos de la nueva movida de la música alternativa argentina. (Télam)


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