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Informe especial: La música
local se mueve al ritmo de los sellos independientes
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Manal:
Pioneros independientes
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BUENOS AIRES (Télam).-
Desde la aparición del mítico sello Mandioca, en 1968,
que hizo posible la edición y difusión del rock nativo
con formatos diferentes a los establecidos por las grandes compañías,
las discográficas independientes se vienen constituyendo en
la mejor, y a veces única, plataforma de lanzamiento de los
artistas nacionales.
En medio de un panorama marcado por la profunda crisis económica
pero que afectó particularmente al mercado discográfico,
que se encuentra en "picada" en los últimos dos años,
según expresaron los productores, los sellos independientes
siguen batallando por ocupar un lugar en el mercado y consolidar la
música que editan.
Para Fernando Tarrés, que creó BAU (Buenos Aires Underground),
pequeño sello dedicado al jazz y la música instrumental
que cuenta con un año de vida y seis títulos, "a
medida que la Argentina se va deteriorando, lo que un sello de estas
características ofrece se vuelve cada vez más intangible
pero, al mismo tiempo, más valioso".
"¿Qué consigue un músico que edita con BAU?,
todas cosas intangibles: orden, contención, potenciarse con
el trabajo de otros y potenciar a otros con su trabajo, no consigue
dinero ni masividad", aclaró.
"La apuesta que encaramos es que el sello se transforme en una
suerte de referente de cierto tipo de música, que sea una suerte
de marco simbólico que contenga y sea el puente que haga efectiva
la relación entre un determinado grupo de músicos con
el mercado nacional y con el mercado internacional", aclaró.
"Hay que tener en cuenta -precisó- que hoy por hoy el
disco, y en especial el disco de jazz, no es un negocio ni para los
sellos ni para los músicos, sino que funciona más que
nada como un abrepuertas que te permite posicionarte dentro del mercado,
estableciendo un circuito que incluye la edición del disco,
la obtención de giras, una nueva posibilidad de grabar y seguir
mostrando tu música para que, con el paso de los años,
te vayas estableciendo en distintos mercados y ante diferentes públicos".
Armados como cooperativas de músicos o establecidos como pequeñas
empresas que combinan la producción y distribución de
discos, los sellos independientes continúan ocupando el lugar
que dejan vacantes las empresas discográficas multinacionales,
desinteresadas en la promoción de nuevas propuestas y que,
en general, invierten sobre seguro.
"Históricamente los sellos independientes son los únicos
que apuestan y desarrollan a los artistas del país", señaló
a Télam Víctor Ponieman propietario y ejecutivo de Random,
empresa con más de 10 años en el mercado, que comenzó
produciendo y en la actualidad se dedica exclusivamente a la distribución
de cerca de 100 títulos, entre propios y licenciados.
"En la Argentina -sostuvo por su parte Javier Tenembaum al frente
desde hace cuatro años del sello Los Años Luz- las multinacionales
tiene un profundo desprecio por el mercado y los músicos locales".
"En este contexto, la decisión de tener un sello no nace
como negocio sino por amor al arte, surge para darle viabilidad a
la producción de cosas que de otro modo no podrían ver
la luz", comenta el ex músico, que es además dueño
de una disquería y que produce a artistas como Fernando Samalea,
Kevin Johansen y Axel Krygier.
Refiriéndose a las características, en algún
sentido artesanales y los límites que encuentra el desarrollo
de estos emprendimientos, Tenembaun aclaró que "podemos
producir y sostener los discos porque hay gente como León Gieco
o Lito Vitale que nos prestan el estudio o nos cobran precios ínfimos,
porque los músicos de sesión tocan gratis, por una serie
de cuestiones que tienen que ven con la solidaridad y el romanticismo
que es muy argentino".
Para Diego Zapico, líder de Acqua -compañía que
maneja un catálogo de 446 títulos de los que cerca de
40 son producciones propias-, los aspectos centrales que definen el
espíritu de los sellos independientes están marcados
"por criterios estéticos y no exclusivamente económicos".
"En líneas generales -aclara- el que se pone a producir
en forma independiente está a la búsqueda de una cierta
calidad musical e interesado en artistas del país que trabajan
con criterios nuevos, de algún modo alternativos y que van
al encuentro de lenguajes musicales originales, ya sea en el jazz,
el tango, el folclore o la música instrumental".
En este panorama difícil y acomodándose a los márgenes
y los nuevos contextos que va imponiendo un mercado sobre el que intentan
operar en los resquicios, los sellos independientes desarrollan una
tarea que, sin apoyos estatales ni estímulos económicos
mantiene vivas las nuevas propuestas musicales en el país.
Muchos pasaron de la producción a la distribución
A partir de mediados de la década de los '90, la facilidad
para la importación de equipos digitales trajo una serie de
cambios que repercutieron en las funciones de algunos sellos independientes,
muchos de los cuales comenzaron a centrar su trabajo más en
el área de la distribución que en la de producción
de nuevos artistas.
Esto, junto a las dificultades que plantea el mercado discográfico
en la actualidad, llevó a que los sellos más pequeños
continúen con la producción, generalmente bajo una forma
cooperativa -donde una parte la aporta el sello y otra el artista-,
mientras que las empresas que manejan cierta estructura con costos
fijos se fueron volcando más hacia la distribución.
"Antes -remarcó Víctor Ponieman, titular de Random-
el trabajo de los sellos independientes abarcaba un proceso que iba
desde la producción hasta la promoción y la venta de
los discos, pero a partir de mediados de los '90 son cada vez más
los músicos que se producen a sí mismos y el sello pasó
a tener un papel mucho más gravitante en lo que se refiere
a la distribución de todos estos materiales que son rechazados
por las grandes compañías".
"El problema actual no está en la producción y
mucho menos en la calidad de la música que se graba, el gran
problema de todo músico nuevo es la difusión, la posibilidad
de hacer conocer su música".
"Hay que tener en cuenta una cosa -agregó Ponieman-, lo
que vende discos es la radio y el mercado radial está manejado
por pautas de difusión que atienden esencialmente a las necesidades
de las multinacionales y los artistas masivos, en desmedro de los
músicos nuevos".
Por otra parte, si bien la devaluación abrió la posibilidad
de colocar discos de artistas argentinos en el exterior a buen precio,
la falta del acceso al crédito y la inexistencia de políticas
estatales de apoyo y difusión de la música nacional
en el exterior dificultan la creación de propuestas sustentables
de crecimiento fuera del país.
"La exportación -aclaró Zapico, uno de los responsables
de Acqua Records- requiere una inversión logística,
de catálogos, viajes y de cierta agresividad en un mercado
que es muy competitivo y que en cierto sentido está saturado".
"Se trata de un trabajo en cierto sentido estratégico,
en el cual el Estado debería jugar algún papel, como
sucede con otros países como Brasil, España o Canadá,
que apuestan a instalar a sus artistas en el extranjero", agregó.
"Estamos en una situación -graficó Javier Tenembaum,
de Los Años Luz- en la que ni siquiera tenemos crédito,
vos vas a las ferias internacionales y te encontrás con stands
de gobiernos y regiones que están potenciando una música
y al mismo tiempo una industria que genera trabajo y divisas, pero
esa preocupación para el Estado argentino no existe".
"Acá faltan políticas culturales y económicas,
si la producción independiente se sostiene es por su propio
espíritu", concluyó.
En 1968, Mandioca edita a Manal y Miguel Abuelo
"La fuerza nuestra estaba en el sello, en la creación
de una editora de discos alternativa", comentó en cierta
ocasión Pedro Puyó, impulsor junto a Jorge Alvarez del
mítico Mandioca, que en 1968 transformó en vinilo canciones
de Miguel Abuelo y Manal.
Para subrayar el sentido el sentido de la aparición de un sello
independiente Puyó agregó que "nuestra intención
era hacer una grabadora que les diera bola a los músicos"
Por entonces se produjeron hechos tales como que se le cambió
la letra a 'Ayer nomás' para el simple de Los Gatos, porque
la grabadora no quería una letra tan fuerte, en tanto a 'Diana
Divaga', de Los Abuelos de la Nada, le cortaron un par de minutos
"porque era muy larga".
La aparición de Mandioca, que trazó un camino para los
sucesivos intentos de editar y producir música al margen de
los condicionantes de las "majors discográficas",
se dio en una época de fuerte ebullición social y cuando
el rock nativo daba a conocer sus primeras creaciones.
Vox Dei, Pappo, Tanguito y Manal eran algunos de los grupos que comenzaban
a editar sus propias músicas, transformándose lentamente
en un fenómeno social y musical, que con el tiempo tomaría
rasgos de masividad pero que por entonces estaba limitado a ciertos
sectores.
Las primeras producciones de Mandioca fueron tres discos simples,
uno de Miguel Abuelo ("Oye niño" y "Nunca te
miró una vaca de frente?"), uno de Manal ("Qué
pena me das" y "Para ser un hombre más") y un
tercero de la cantante Cristina Platé.
Los tres salieron simultáneamente y fueron presentados en sociedad
en un recital del teatro Apolo de la calle Corrientes, en noviembre
de 1968.
Luego se sumaron al sello Vox Dei, Tanguito ("Amor de primavera"
y "La balsa"), Alma y Vida y Moris, entre otros de los músicos
de la nueva movida de la música alternativa argentina. (Télam)
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