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13 de septiembre de 2005

Whitesnake + Judas Priest: El día de los maestros

Judas Priest

BUENOS AIRES (por Marcelo Poli y Carlos Mulet, enviados especiales de FM88).- La producción del Monsters Of Rock invitó a "Malicia, País de las Maravillas" a cubrir el espectáculo y nos dirigimos al porteño barrio de Caballito.
Dos bandas históricas llegaban juntas, con dos realidades radicalmente distintas. Whitesnake totalmente renovada preparando un DVD en vivo con sus viejos éxitos y Judas Priest con la formación original (en realidad, la que se estabiliza en las épocas de “Painkiller”) y un disco nuevo para presentar después de 15 años.
El día mucho no ayudó porque estuvo nublado, algunas gotas cayeron sobre el estadio, aunque por suerte no alcanzaron a molestar.
La organización de la entrada fue impecable, como también el tema de escenario, con cambios muy rápidos entre una banda y otra, aunque la separación entre bandas no fuera tan corta. El campo estaba cubierto con el piso plástico, una especie de baldosas que cubren el césped, dando una mejor sensación para quienes están parados y protegiendo el campo de juego. También hubo gran cantidad de baños químicos, lugares para atención médica y stands con merchandising y discos.
Una constante en este tipo de recitales es que los grupos soporte no tienen buen sonido. Rata Blanca lamentablemente fue una bola de ruido. Y hasta Whitesnake no tuvo la calidad de sonido necesaria.
Judas Priest no se escuchó perfecto, pero el sonido fue muy bueno.
Whitesnake, como parte de su “Whitesnake, The Rock & Roll, Rhythm & Blues Show”, apareció en escena con media hora de atraso ya que estaba previsto a las 19.
El show arrancó con “Burn” salpicadito con “Stormbringer”, ambos de Deep Purple, tal cual vienen haciendo en toda la gira.
La banda, en un arranque demoledor siguió con “Bad Boys” y una excelente versión de “Love Ain't No Stranger”, de “Slide It In”.
Todavía era bastante temprano, pero Coverdale con su camisa blanca a medio desprender confesó que hacía frío, más exactamente "fuckin' freezing". El resto de la banda estaba también con poco abrigo, pero el movimiento y el calor del público no hicieron mella en la actuación.
Doug Aldrich tuvo su primer momento de gloria con un solo interminable que demostró la calidad de guitarrista que es.
“Crying In The Rain”, de “Saints & Sinners” fue la continuación de un show prácticamente sin pausas.
Tommy Aldrige también tuvo su momento con un implacable solo de batería. Cuando ya parecía que no podía hacer más, que ya había gastado toda su energía y calidad técnica, tira los palos al público. Pero nada había terminado. Recién estaba por la mitad, porque el resto del solo fue hecho con las manos. El punto cumbre fue un momento donde tocaba el doble bombo parado y con sus manos pegaba como si fueran tumbadoras, seguía con todos los tambores y los platos extasiando a la audiencia.
“Is This Love”, “Here I Go Again” y “Still Of The Night” también estuvieron presentes. Solamente un mensaje final de Coverdale, no hubo bises después de una hora de show. La verdad es que Whitesnake dejó con ganas de más.
La voz de Coverdale está intacta y los nuevos miembros demuestran con creces que tienen el nivel como para ser parte de Whitesnake.
Reb Beach (ex-Winger) acompañó, cumplió sobradamente pero desde atrás como segunda guitarra.
Timothy Drury, casi escondido en un rincón con su teclado hizo lo suyo, especialmente en los lentos.
Uriah Duffy, con su bajo luminoso (con esas luces azules que se usan tanto ahora), completó la pared de sonido sobre la que se sostuvo el show, aunque el bajista siempre está en un puesto que no se nota pero que si falta, sí se nota.
Prácticamente una hora después se corre la cortina del fondo del escenario dejando visible un ojo, en cuya pupila aparece Rob Halford cantando “Electric Eye”, el gran éxito de “Screaming For Vengeance”.
Con su pelada brillando a más no poder, encandilando al público “A Touch Of Evil” surca el estadio con toda la potencia.
El ojo del fondo del escenario es reemplazad por el “Angel Of Retribution” del disco nuevo. El próximo tema lo muestra a Halford elevándose en una plataforma por detrás de la batería con un fuego simulado en el frente.
“Revolution”, uno de los temas nuevos, lo tiene a Halford desde una de las plataformas laterales ondeando una bandera con el logo de Judas, camina por la plataforma, pasa frente a la batería, llega a la otra plataforma y ondea otra bandera con el mismo logo.
El público delira con “Breaking The Law”, uno de los clásicos de la banda. Comienzan con Halford, Glenn Tipton y KK Downing en fila moviéndose al ritmo con las guitarras.
La banda completa cada tanto salía del escenario y volvía a entrar. Las luces y las bolas espejadas daban un ambiente visual que no se había visto con las bandas anteriores. Así y todo, el show decae. El público suma frío al que ya el clima nos estaba brindando. Con cinco grados de temperatura, la banda no pudo mantener el calor que Whitesnake tuvo de punta a punta. Ni siquiera con un gran solo de guitarra.
Recién vuelve la acción cuando Halford solo en el escenario anuncia a medias con el público que la siguiente canción es “Painkiller”, aquel éxito del año 90 que finaliza con un guitarrista parado en la punta de cada una de las tarimas del costado.
Judas Priest abandona el escenario, cambia el fondo nuevamente por un cartel que dice "Judas Priest United" y respondiendo al grito del público de "Judas no se va", Halford entra en su clásica moto con su gorra y comienza con los bises sin bajarse totalmente del asiento.
Halford recién en los bises se pone a jugar realmente con el público. A esta altura de la noche era totalmente necesario por el tremendo frío reinante en la Capital Federal.
Algunos bises y después de una hora y media de show, Halford, enfundado en una camiseta de la selección argentina, termina saludando al público y dejando un mensaje a favor del Heavy Metal.
Ian Hill con el bajo acompañó con la potencia necesaria y Scott Travis, el ex Racer X, en baterí­a hizo todo lo necesario para convertir a la banda en una aplanadora.
Técnicamente perfecto en todo sentido, la banda sonó como en sus mejores momentos.
La desconcentración fue tranquila y sin inconvenientes. Todos salimos con el placer de haber visto a dos maestros del rock duro deseando tener más oportunidades de ver shows de este nivel.

Imágenes del Monsters Of Rock


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