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Whitesnake + Judas Priest: El día
de los maestros
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Judas
Priest
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BUENOS AIRES (por
Marcelo Poli y Carlos Mulet, enviados especiales de FM88).- La producción
del Monsters Of Rock invitó a "Malicia,
País de las Maravillas" a cubrir el espectáculo
y nos dirigimos al porteño barrio de Caballito.
Dos bandas históricas llegaban juntas, con dos realidades radicalmente
distintas. Whitesnake totalmente renovada preparando un DVD en vivo
con sus viejos éxitos y Judas Priest con la formación
original (en realidad, la que se estabiliza en las épocas de
“Painkiller”) y un disco nuevo para presentar después de 15
años.
El día mucho no ayudó porque estuvo nublado, algunas
gotas cayeron sobre el estadio, aunque por suerte no alcanzaron a
molestar.
La organización de la entrada fue impecable, como también
el tema de escenario, con cambios muy rápidos entre una banda
y otra, aunque la separación entre bandas no fuera tan corta.
El campo estaba cubierto con el piso plástico, una especie
de baldosas que cubren el césped, dando una mejor sensación
para quienes están parados y protegiendo el campo de juego.
También hubo gran cantidad de baños químicos,
lugares para atención médica y stands con merchandising
y discos.
Una constante en este tipo de recitales es que los grupos soporte
no tienen buen sonido. Rata Blanca lamentablemente fue una bola de
ruido. Y hasta Whitesnake no tuvo la calidad de sonido necesaria.
Judas Priest no se escuchó perfecto, pero el sonido fue muy
bueno.
Whitesnake, como parte de su “Whitesnake, The Rock & Roll, Rhythm
& Blues Show”, apareció en escena con media hora de atraso
ya que estaba previsto a las 19.
El show arrancó con “Burn” salpicadito con “Stormbringer”,
ambos de Deep Purple, tal cual vienen haciendo en toda la gira.
La banda, en un arranque demoledor siguió con “Bad Boys” y
una excelente versión de “Love Ain't No Stranger”, de “Slide
It In”.
Todavía era bastante temprano, pero Coverdale con su camisa
blanca a medio desprender confesó que hacía frío,
más exactamente "fuckin' freezing". El resto de la
banda estaba también con poco abrigo, pero el movimiento y
el calor del público no hicieron mella en la actuación.
Doug Aldrich tuvo su primer momento de gloria con un solo interminable
que demostró la calidad de guitarrista que es.
“Crying In The Rain”, de “Saints & Sinners” fue la continuación
de un show prácticamente sin pausas.
Tommy Aldrige también tuvo su momento con un implacable solo
de batería. Cuando ya parecía que no podía hacer
más, que ya había gastado toda su energía y calidad
técnica, tira los palos al público. Pero nada había
terminado. Recién estaba por la mitad, porque el resto del
solo fue hecho con las manos. El punto cumbre fue un momento donde
tocaba el doble bombo parado y con sus manos pegaba como si fueran
tumbadoras, seguía con todos los tambores y los platos extasiando
a la audiencia.
“Is This Love”, “Here I Go Again” y “Still Of The Night” también
estuvieron presentes. Solamente un mensaje final de Coverdale, no
hubo bises después de una hora de show. La verdad es que Whitesnake
dejó con ganas de más.
La voz de Coverdale está intacta y los nuevos miembros demuestran
con creces que tienen el nivel como para ser parte de Whitesnake.
Reb Beach (ex-Winger) acompañó, cumplió sobradamente
pero desde atrás como segunda guitarra.
Timothy Drury, casi escondido en un rincón con su teclado hizo
lo suyo, especialmente en los lentos.
Uriah Duffy, con su bajo luminoso (con esas luces azules que se usan
tanto ahora), completó la pared de sonido sobre la que se sostuvo
el show, aunque el bajista siempre está en un puesto que no
se nota pero que si falta, sí se nota.
Prácticamente una hora después se corre la cortina del
fondo del escenario dejando visible un ojo, en cuya pupila aparece
Rob Halford cantando “Electric Eye”, el gran éxito de “Screaming
For Vengeance”.
Con su pelada brillando a más no poder, encandilando al público
“A Touch Of Evil” surca el estadio con toda la potencia.
El ojo del fondo del escenario es reemplazad por el “Angel Of Retribution”
del disco nuevo. El próximo tema lo muestra a Halford elevándose
en una plataforma por detrás de la batería con un fuego
simulado en el frente.
“Revolution”, uno de los temas nuevos, lo tiene a Halford desde una
de las plataformas laterales ondeando una bandera con el logo de Judas,
camina por la plataforma, pasa frente a la batería, llega a
la otra plataforma y ondea otra bandera con el mismo logo.
El público delira con “Breaking The Law”, uno de los clásicos
de la banda. Comienzan con Halford, Glenn Tipton y KK Downing en fila
moviéndose al ritmo con las guitarras.
La banda completa cada tanto salía del escenario y volvía
a entrar. Las luces y las bolas espejadas daban un ambiente visual
que no se había visto con las bandas anteriores. Así
y todo, el show decae. El público suma frío al que ya
el clima nos estaba brindando. Con cinco grados de temperatura, la
banda no pudo mantener el calor que Whitesnake tuvo de punta a punta.
Ni siquiera con un gran solo de guitarra.
Recién vuelve la acción cuando Halford solo en el escenario
anuncia a medias con el público que la siguiente canción
es “Painkiller”, aquel éxito del año 90 que finaliza
con un guitarrista parado en la punta de cada una de las tarimas del
costado.
Judas Priest abandona el escenario, cambia el fondo nuevamente por
un cartel que dice "Judas Priest United" y respondiendo
al grito del público de "Judas no se va", Halford
entra en su clásica moto con su gorra y comienza con los bises
sin bajarse totalmente del asiento.
Halford recién en los bises se pone a jugar realmente con el
público. A esta altura de la noche era totalmente necesario
por el tremendo frío reinante en la Capital Federal.
Algunos bises y después de una hora y media de show, Halford,
enfundado en una camiseta de la selección argentina, termina
saludando al público y dejando un mensaje a favor del Heavy
Metal.
Ian Hill con el bajo acompañó con la potencia necesaria
y Scott Travis, el ex Racer X, en batería hizo todo lo
necesario para convertir a la banda en una aplanadora.
Técnicamente perfecto en todo sentido, la banda sonó
como en sus mejores momentos.
La desconcentración fue tranquila y sin inconvenientes. Todos
salimos con el placer de haber visto a dos maestros del rock duro
deseando tener más oportunidades de ver shows de este nivel.
• Imágenes del Monsters Of Rock
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