| "Que
sea rock": El rock argentino 2006 tiene su
película
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| Charly
García canta y pinta en una secuencia
del filme "Que sea rock" |
La película
"Que sea rock", dirigida por Sebastián
Schindel, ya comenzó a recorrer el camino
para convertirse en un clásico que registra
el presente del rock argentino y muestra a algunos
músicos en su gracia y estado natural.
El filme, producido por Héctor Olivera -director
de la señera "Buenos Aires Rock"
(1982)- quedó en manos de Schindel, quien
capturó excelentes momentos en privado de
Charly García, Bersuit Vergarabat, Pity (Intoxicados)
y Juanse (Ratones Paranoicos) junto al fallecido
Pappo.
La cinta hace un retrato de León Gieco, muestra
el compromiso social de Attaque 77, enfrenta a Los
Piojos con su pasado en El Palomar y exhibe a Andrés
Calamaro en sus mágicos shows del año
pasado junto a la Bersuit.
Pero, además, por el largometraje desfilan
canciones y escenas de la vida fuera de los escenarios
de Fito Páez, Árbol, Gustavo Santoalalla,
La Vela Puerca, Catupecu Machu y Gustavo Cerati.
La idea de Olivera fue que la película "Que
sea rock" cerrara la trilogía iniciada
por "Hasta que se ponga el sol" (1972)
y "Barock" (1982), que retrataron la escena
rockera de esos tiempos.
En diálogo con la agencia Télam, el
director Schindel contó cómo llegó
al proyecto.
- ¿Cómo nace la idea?
- Es una idea de Héctor Olivera,
que nació hace casi 35 años con "Hasta
que se ponga el sol" y continuó en 1982
con "Buenos Aires Rock". Hace dos años
me convocó para dirigir esta nueva película
y yo acepté inmediatamente.
- ¿Qué objetivo buscás
con la película?
- Mi anhelo máximo es que la
película quede como un testimonio para los
hijos de todos sobre cómo era parte de la
historia de la música, y sea un retrato del
rock de ahora. Que dentro de 10 años se vea
como clásico y digan 'esto era lo que pasaba
con la música en el 2006', tal como sucedió
con los dos filmes anteriores.
En los últimos dos años, Schindel
-junto al guionista Nicolás Avruj y los periodistas
Marcelo Fernández Bittar y Claudio Kleinman-
comenzó a filmar recitales, ensayos, entrevistas
y momentos privados de la vida de los músicos.
Más de 200 horas de filmación se reunieron
tras un tiempo de trabajo, destacándose un
imperdible reportaje con Pity en su casa en el barrio
de Piedrabuena, en la que el "Intoxicado"
muestra una candidez química entrañable.
- ¿Cómo fue la secuencia con
Pity?
- Con Pity, mi idea era retratar su
vida en Piedrabuena, el barrio donde nació
y vivió toda su vida. Queríamos recorrerlo
con él, que ahora es un rockero famoso y
que sigue viviendo en el mismo monoblock. Aunque
podría vivir en otro lugar y otro barrio,
Pity decidió mantener sus raíces,
y me gustaba mostrar eso y contar la historia del
tema "Una vela", ir con Pity a Ciudad
Oculta y charlar con sus amigos del barrio.
Otro segmento imperdible es el referido a la
Bersuit, que tiene tres narradores: Gustavo Cordera,
el ex manager Daniel Kohn y Gustavo Santaolla, haciendo
una secuencia que se ocupa de la decadencia y los
excesos de la banda en los años previos al
exitoso disco "Libertinaje".
- ¿Cómo llegaron al episodio
con la Bersuit?
- Eso estaba planificado porque su
ex manager Daniel Kohn fue un asesor de toda la
película, y a mí se ocurrió
que contara como fue su vivencia junto a la banda
y cómo convenció a Santaolalla. En
la nota, Gustavo Cordera contó que Kohn fue
el primer manager del mundo que decide acompañar
a una banda en su caída.
Es de un valor periodístico impresionante
escuchar a Santaolalla confesar cómo fue
empujado por Kohn a producir a la Bersuit y a Cordera
narrar que tras la primera semana de grabación
con el ex Arco Iris en Los Angeles, algunos integrantes
de la banda, querían "cagar a trompadas"
al productor.
"Oski (Oscar Righi, el guitarrista) me dijo
a 'este preceptor (por Santaolla) lo voy a matar,
me tiene las pelotas llenas, volvamos a Buenos Aires',
y yo le dije 'mirá que si nos volvemos, Dany
Kohn nos mata'", cuenta Cordera.
"La fama, las giras, la exposición constante
te quema la cabeza", dice Cordera, a lo que
Cerati agrega que "vivir de gira todo el tiempo
siempre con los mismos tipos, realmente destruye
una banda", dando una explicación sobre
el final de Soda Stereo.
Un momento emotivo es cuando Juanse se sienta frente
a un televisor a ver imágenes privadas de
grabaciones y encuentros con Pappo, lo que permite
rendirle un homenaje sincero y valioso al guitarrista
fallecido, una de cuyas canciones le da título
al filme.
Un estado de arte puro es el espacio para Charly
Garcia que contiene una canción inédita
de su disco "Kill Gil", mientras "Mr.
Say No More" pinta en el estudio, graba una
canción y le indica al ingeniero de sonido
que debe hacer ingresar un coro nueve semicorcheas
antes.
Otros que dejaron una canción estreno impresa
en el celuloide fueron los Catupecu Machu, antes
del accidente que hirió gravemente a Gabriel
Ruiz Diaz.
Mientras, Los Piojos exhiben su resurrección
de las cenizas en los días previos a sus
shows del año pasado en la Boca, cuando la
banda estuvo a punto de disolverse.
En esa búsqueda de la alquimia perdida -y
recuperada que este año dará como
fruto un nuevo disco- el grupo recorre El Palomar
y visita su primera sala de ensayo y, luego, Andrés
Ciro y Micki, dos de sus integrantes, pasan por
el que fue un viejo empleo y charlan con quienes
fueron sus jefes y compañeros.
El costado social lo pone Attaque 77, ya que su
segmento está dedicado a la excelente relación
que la banda tiene con los obreros que recuperaron
la fábrica de cerámicos ex Zanón
en Neuquén.
- ¿Por qué decidieron darle
ese enfoque a Attaque?
- Lo de Attaque salió charlando
con ellos, que le estaban dando mucha bola a Zanón,
hacer un pequeño acto porque la causa judicial
estaba muy empantanada y a mí me interesó
mucho rescatar el costado social de una banda punk,
joven y con un compromiso social muy fuerte y muy
lindo.
En definitiva, la película es la historia
de los solistas y las bandas que reinan en el rock
de 2006, sin esquivar cómo llegaron hasta
la cima, cómo cayeron y de qué modo
sobreviven a esa vorágine que mueve multitudes
y dinero.
Buenos
Aires (por Adrián Mouján)
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