| Gustavo Cerati: “Fuerza natural”
Intérprete: Gustavo Cerati
Álbum: “Fuerza natural”
Año: 2009
Sello: Sony Music
Calificación:
   
“Fuerza natural”, lo nuevo de Gustavo Cerati, es un álbum que traza de alguna manera una mediación entre conciente-inconciente del autor, generando en el disco cierto grado de dirección pre-estipulada y esquematizada de antemano, en el que prevalecen bellos arreglos, dulces armonías, encerrando el concepto del disco tras una melodía.
Tanto el disco como la canción “Fuerza natural” que da titulo al mismo bajan los decibeles en cuanto a guitarras distorsionadas, prevaleciendo una línea acústica muy melódica y orquestada, por la que desfilan programaciones, músicos, instrumentos y coros al mejor estilo gospel. Un bellísimo arpegio se funde con una fina arquitectura rítmica, que acompaña el dulce lamento de “Me perdí en el viaje, nunca me sentí tan bien”, donde magistralmente se perciben todos los sonidos desde la guitarra slih, estiradas de cuerdas, líneas de bajo y hasta un Cerati lanzando coros híbridos.
Un disco que va creciendo con cada escucha, tal vez no tan entrador como su antecesor (“Ahí vamos”, 2006), aunque el corte de difusión “Déjà vu” persigue cierto rasgo sonoro y pistero, cuyo título alude con algún pasado mediato (como lo describe el autor, “esta canción ya se escribió”).
“Magia” sigue el recorrido por este viaje lírico, con el “Todo me sirve, nada se pierde yo lo transformo”, generando una especie de control sobre los factores que lo rodean, similar al “no se lo que vendrá pero mi brújula nunca falla”, con una guitarra acústica que le va dando cuerpo a la canción.
Un arreglo beat dibuja un pentagrama new wave, por el que cabalga “Amor sin rodeos”, para luego en formato desenchufado dar paso a “Tracción a sangre”, canción folky, con ciertos matices country, con una banda en constante movimiento.
“Desastre” y “Rapto” suben la intensidad, avivados por esas guitarras tan particulares, y entrecortadas, que le dan una impronta y una identidad característica que apenas se las escucha ya permiten asociarlas con determinado artista.
Gustavo comenzó tocando folclore hasta que escuchó a Luis A. Spinetta, y “Cactus”, una hermosa zamba, fusiona ambos aspectos, donde seductores arpegios y chasquidos divagan por la lírica Spinettiana: “Y los médanos serán témpanos en el vértigo de la eternidad, y los pájaros serán árboles en lo idéntico de la soledad”, enmarcándose tal vez como la mejor canción del larga duración.
En este contexto, irrumpe “Naturaleza muerta”, un tema bien rockero con violas densas y distorsionadas, con Richard Coleman como invitado. “Dominó” con su machaque electro-rock, coautoría con Coleman, nos habla de la variedad de atmósferas y climas que rodean el disco, guardando cierta semejanza en lo sonoro con “Bomba de tiempo”; para detonar entre teclados y sintetizadores, en “Sal”, una balada al estilo “Crimen”.
En el tramo final aparecen “Convoy” y “He visto a Lucy”, especie de folk psicodélico en la cual prevalecen unos mordaces coros de Anita Álvarez de Toledo y Leandro Fresco (coros y teclados); y como bonus track aparece “Números”, un tema acústico que a modo de ensayo teórico, el autor va desprendiendo una serie de enumeraciones y alegorías, culminando con un enérgico golpeteo por los tambores.
Para terminar este impecable recorrido de letras y sonidos, una estrofa de “Dájà vu” sintetiza el concepto estético del disco y propone un viaje de colores por la pluma del autor: “Todo es mentira, ya verás; la poesía es la única verdad, sacar belleza de este caos, es virtud ¿O no?”.
Por Gastón Martínez (para rock.com.ar)
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